Antes de comenzar a escribir, pensó y dio vueltas sobre el tema a elegir..., después de evaluar no halló mejor tema que hablar de sí mismo. Ya entusiasmado, pensó que era interesante continuar hablando de sí mismo. Y para terminar siguió con más de lo mismo.
Uno escribe, dijo, para relatar aquel que le gustaría ser pero que no es. O bien, dijo, para contar sobre aquel que nunca fue pero que le habría gustado ser.
(y yo no me sentí aludida aunque pensé que es muy mi gusto escribir mi propio mito, y que el psicoanálisis no es otra cosa que eso, además, ya lo recomendó Ricoeur, que está muy de moda).
lunes 9 de noviembre de 2009
miércoles 4 de noviembre de 2009
Armstrong fire tango
I touch your lips and all at once the sparks go flying
Those devil lips that know so well the art of lying
And though I see the danger, still the flame grows higher
I know I must surrender to your kiss of fire.
Just like a torch, you set the soul within me burning
I must go on, I'm on this road of no returning
And though it burns me and it turns me into ashes
My whole world crashes without your kiss of fire.
I can't resist you, what good is there in trying?
What good is there denying? you're all that I desire
Since first I kissed you my heart was yours completely
If I'm a slave, then it's a slave I want to be
Don't pity me, don't pity me.
Give me your lips, the lips you only let me borrow
Love me tonight and let the devil take tomorrow
I know that I must have your kiss although it dooms me
Though it consumes me, your kiss of fire .
I can't resist you, what good is there in trying?
What good is there denying? you're all that I desire
Since first I kissed you my heart was yours completely
If I'm a slave, then it's a slave I want to be
Don't pity me, don't pity me .
Give me your lips, the lips you only let me borrow
Love me tonight and let the devil take tomorrow
I know that I must have your kiss although it dooms me
Though it consumes me!? The kiss of fire!
http://www.youtube.com/watch?v=gVxwN3Eaf_U
Those devil lips that know so well the art of lying
And though I see the danger, still the flame grows higher
I know I must surrender to your kiss of fire.
Just like a torch, you set the soul within me burning
I must go on, I'm on this road of no returning
And though it burns me and it turns me into ashes
My whole world crashes without your kiss of fire.
I can't resist you, what good is there in trying?
What good is there denying? you're all that I desire
Since first I kissed you my heart was yours completely
If I'm a slave, then it's a slave I want to be
Don't pity me, don't pity me.
Give me your lips, the lips you only let me borrow
Love me tonight and let the devil take tomorrow
I know that I must have your kiss although it dooms me
Though it consumes me, your kiss of fire .
I can't resist you, what good is there in trying?
What good is there denying? you're all that I desire
Since first I kissed you my heart was yours completely
If I'm a slave, then it's a slave I want to be
Don't pity me, don't pity me .
Give me your lips, the lips you only let me borrow
Love me tonight and let the devil take tomorrow
I know that I must have your kiss although it dooms me
Though it consumes me!? The kiss of fire!
http://www.youtube.com/watch?v=gVxwN3Eaf_U
martes 3 de noviembre de 2009
Olor a noviembre
Estar en Milpa Alta es estar como aislada del mundo. Allí no hay Internet. No en el pueblo; en la casa, que es un desastre. Hay como cinco líneas “privadas” que siempre están cortadas, como cinco televisiones que un día fueron nuevas pero que se utilizaron tan poco que pasaron de ser el último grito de la moda a obsoletas, derechito, sin ningún intermedio que supusiera brindar horas de entretenimiento a nadie; hay muchas mesas y muchos libreros, ocupados por las mismas montañas de papeles revueltos: Enciclopedias Salvat, recibos de teléfono y luz de hace décadas, contratos, notas de pedidos de carne (4 pechos, 3 piernas, 15 de manteca blanca, 3 b=, 2 n=, 5 c=, con las abreviaturas ad hoc inventadas por doña Elia), facturas, fotografías, CDs rayados, caras de santos, papel de china, tijeras, Pritt, y polvo, mucho polvo. Todavía viven mis cactus milagrosos, que crecen a pesar de que Tina les echa un ojito cada que se acuerda, y lo más sorprendente: una maceta que ha dado a luz dos hermosos chiles rojos (la inquieta naturaleza se apoderó de unas semillas de los chiles secos que de cuando en cuando Tina limpia en el patio e hizo surgir en una maceta de gladiolas una plantita verde y frondosa de la que nadie se percató hasta que le nacieron los chilitos rojos). Mi cuarto urge que lo habite porque comienza a ganar el olor a humedad, a “viejo” dicen, aunque el olor a viejo es distinto, este es tal vez un olor a “ausencia”, mi cuarto me extraña, pero no puedo hacer más, cada vez voy menos. Mi adorado amigo filósofo al que hace mucho que no veo y con el que he mantenido una comunicación virtual -sólo mensajitos por celular- se aparece para alegrar los momentos en que nadie llega. El buen Estepario se comunica para hacerme saber que está ahí, lejecitos. Hace mucho que no veo a nadie, de los de antes. Sólo unas cuantas amigas permanecen, la infaltable Elis, Pilar y a veces Jeannet.
Me alegra el frío, ese frío me recuerda lo que viene: caminatas a Chalma. Antier y ayer fuimos a caminar al monte. Pasamos por la vereda que desvía de La Era a san Pablo, nuestras ropas terminaron húmedas del roce con la hierba, íbamos mi mamá, Blanca y yo. A ellas se les ocurrió hacer un rosario y yo huí de allí; luego, calculando, llegué a la letanía, esperando el momento de poder retomar la plática. Juntamos piñitas y ramas de pino, porque doña Elia quiere hacer una gran corona natural para la entrada de la casa. La brisa helada trae la sensación de peregrinación. Ahora creo que no me atrevería ir a Chalma (nunca como esa vez que mis amigos, mi primo, mi hermano y yo caminamos solos, por el monte que entre todos conocíamos. Esa vez hicimos 18 horas de Milpa Alta a Chalma, casi sin detenernos). No niego que me gustaría intentar la peregrinación que se aproxima, escuchando ahora sí el bosque, gracias a los Ipods y demás aparatos posmodernos que evitan que los caminantes lleven grabadoras a todo volumen durante el recorrido.
El domingo que llegué, previa pelea con Abraham y Blanca, me dio gusto encontrar la ofrenda. Admiro eso de mi mamá. A pesar de todo el trabajo que tiene, no le faltan sus nacimientos, sus ofrendas, sus adornos de semana santa, sus coronas navideñas. Sin mucha ostentación, hay siempre, a la mera hora, signos de que el año avanza: el altar de la casa se torna morado, zempazúchitl, verde pino. Había ofrenda y además nos llevaron nuestra calavera: llegaron tamalitos caseros de pollo con habitas y chile verde, un buen guajolote con mole del que hace mi mamá (inmejorable, y no porque sea de mi madre, pero la verdad es que no he probado mejor molito). Me instalé en la cocina que por ahora es el mejor lugar para leer y trabajar, y escuché la música de Camilo Sesto y canciones cristianas que ponen en la capilla de Los Ángeles, a veces desesperante, pero que de ninguna manera puedo evadir. Antes salía a pasear, aunque ese paseo consistiera sólo en caminar de mi casa a la Iglesia, a disfrutar ese ambiente, caminar por el atrio, llenar el espíritu de los rostros conocidos, como si el mirarlos me diera un poco de asimiento a esta tierra. Tuve la intención de ir a Tecómitl a conocer el panteón y las ofrendas de por allá, pero me faltaron tiempo y ganas. Mi papá insiste en que me cubra con estraza, conmina a mi mamá a que me conmine a usar estraza... acabo con tres pliegos pegados a mi pecho y a mi espalda, siento el calorcito paterno y materno. No salí a ver ofrenda alguna, pero el día de muertos me llegó por la nariz y los oídos. Se escuchaban los niños gritando “campanero mi tamal ¿no me da mi calavera? Y pasamos a rezar a las puertas de su hogar”, alguien murió y las campanas repicaron toda la tarde del lunes, el olor a incienso, a cera quemada, fruta y flores se impuso desde el altar de la casa pero también desde más allá.
Por cierto, el pozo me invita a abismarme, y no sé si todavía es posible más abismo. Se trata de niveles de abismo que a lo sumo se parecen a un atasque de coche viejo en un terreno baldío rodeado de miles de casitas de paredes descarapeladas. Se trata de abismos, mis abismos, burdos y cotidianos, nada espectaculares.
Me alegra el frío, ese frío me recuerda lo que viene: caminatas a Chalma. Antier y ayer fuimos a caminar al monte. Pasamos por la vereda que desvía de La Era a san Pablo, nuestras ropas terminaron húmedas del roce con la hierba, íbamos mi mamá, Blanca y yo. A ellas se les ocurrió hacer un rosario y yo huí de allí; luego, calculando, llegué a la letanía, esperando el momento de poder retomar la plática. Juntamos piñitas y ramas de pino, porque doña Elia quiere hacer una gran corona natural para la entrada de la casa. La brisa helada trae la sensación de peregrinación. Ahora creo que no me atrevería ir a Chalma (nunca como esa vez que mis amigos, mi primo, mi hermano y yo caminamos solos, por el monte que entre todos conocíamos. Esa vez hicimos 18 horas de Milpa Alta a Chalma, casi sin detenernos). No niego que me gustaría intentar la peregrinación que se aproxima, escuchando ahora sí el bosque, gracias a los Ipods y demás aparatos posmodernos que evitan que los caminantes lleven grabadoras a todo volumen durante el recorrido.
El domingo que llegué, previa pelea con Abraham y Blanca, me dio gusto encontrar la ofrenda. Admiro eso de mi mamá. A pesar de todo el trabajo que tiene, no le faltan sus nacimientos, sus ofrendas, sus adornos de semana santa, sus coronas navideñas. Sin mucha ostentación, hay siempre, a la mera hora, signos de que el año avanza: el altar de la casa se torna morado, zempazúchitl, verde pino. Había ofrenda y además nos llevaron nuestra calavera: llegaron tamalitos caseros de pollo con habitas y chile verde, un buen guajolote con mole del que hace mi mamá (inmejorable, y no porque sea de mi madre, pero la verdad es que no he probado mejor molito). Me instalé en la cocina que por ahora es el mejor lugar para leer y trabajar, y escuché la música de Camilo Sesto y canciones cristianas que ponen en la capilla de Los Ángeles, a veces desesperante, pero que de ninguna manera puedo evadir. Antes salía a pasear, aunque ese paseo consistiera sólo en caminar de mi casa a la Iglesia, a disfrutar ese ambiente, caminar por el atrio, llenar el espíritu de los rostros conocidos, como si el mirarlos me diera un poco de asimiento a esta tierra. Tuve la intención de ir a Tecómitl a conocer el panteón y las ofrendas de por allá, pero me faltaron tiempo y ganas. Mi papá insiste en que me cubra con estraza, conmina a mi mamá a que me conmine a usar estraza... acabo con tres pliegos pegados a mi pecho y a mi espalda, siento el calorcito paterno y materno. No salí a ver ofrenda alguna, pero el día de muertos me llegó por la nariz y los oídos. Se escuchaban los niños gritando “campanero mi tamal ¿no me da mi calavera? Y pasamos a rezar a las puertas de su hogar”, alguien murió y las campanas repicaron toda la tarde del lunes, el olor a incienso, a cera quemada, fruta y flores se impuso desde el altar de la casa pero también desde más allá.
Por cierto, el pozo me invita a abismarme, y no sé si todavía es posible más abismo. Se trata de niveles de abismo que a lo sumo se parecen a un atasque de coche viejo en un terreno baldío rodeado de miles de casitas de paredes descarapeladas. Se trata de abismos, mis abismos, burdos y cotidianos, nada espectaculares.
jueves 8 de octubre de 2009
Almagesto
El pozo me quería senilmente; aquel pozo
abundaba en lecciones de fortaleza, de alta discreción, y de plenitud...
Pero hoy, que su enseñanza de otros tiempos me falta,
comprendo que fui apenas un alumno vulgar
con aquel taciturno catedrático,
porque en mi diario empeño no he podido lograr
hacerme abismo y que la estrella amada,
al asomarse a mí, pierda pisada.
Ramón López Velarde (selección de J. Villoro)
abundaba en lecciones de fortaleza, de alta discreción, y de plenitud...
Pero hoy, que su enseñanza de otros tiempos me falta,
comprendo que fui apenas un alumno vulgar
con aquel taciturno catedrático,
porque en mi diario empeño no he podido lograr
hacerme abismo y que la estrella amada,
al asomarse a mí, pierda pisada.
Ramón López Velarde (selección de J. Villoro)
viernes 2 de octubre de 2009
Ojos
“Ojos que nada ven, almas que nada entregan”. Pellicer
Aunque ahora estoy convencida de que si se entregan es porque nunca se vieron.
Completo: “¡Los ojos! Por los ojos el Bien y el Mal nos llegan. La luz del alma en ellos nos da luces que ciegan. Ojos que nada ven, almas que nada entregan”. Así que nos perderemos del Mal y del Bien, pero no nos perderemos. “Anda! Putilla del dolor helado… vámonos al diablo!”
Los ojos son algo que me determina, no a mí, sino los ojos de los otros a mí, porque mis pequeños ojos “capulines” a penas se asoman de entre el antifaz cotidiano, el puesto y el sobrepuesto. Los ojos son algo que siempre me pesa, “me pesarán tus ojos de aquí hasta la muerte, la culpa ha sido mía, yo no debí mirarlos…”. Pero siendo precisa, no son los ojos, sino la mirada, la forma, no la materia. No me mueven para quererlos unos ojos azules (que he visto dos veces en mi vida) ni el cielo que tenga prometido tal color, estoy convencida de que no me perdería por unos ojos azules ni por unos ojos verdes o por unos color miel. Me gustan los ojos negros, pero claros. Una mirada clara sí me arrastraría a la mayor ceguera.
“Para decidir si sigo poniendo esta sangre en tierra… para continuar caminando al Sol por estos desiertos, para decidir, para continuar para recalcar y considerar… para decidir y considerar sólo me hace falta que estés aquí con tus ojos claros”. Suena aristotélica.
Aunque tenga un sabor amargo de Ajusco amaneciendo, la tarareo “para estar con vos para descubrir y considerar”; y podría seguir “para develar y deliberar”. Y queda ya heideggeriana aristotélica.
Esta semana estuvo variadísima. El domingo muriéndome de tanto cansancio para preparar la ponencia a la que el Ángel (como le decía el chileno con cariño) -pero que aquí, con Laura, rebautizaremos como el Angelito- nos invitó. Muchos días antes le había prometido a Gisela que la acompañaría a ver La condenación de Fausto, así que pensando en un posible futuro brillante y de jai sosai me dije “no te vaya a pasar lo que al Juanito”, porque no soy conocedora de ópera ni nada que se le parezca, así que me armé de valor y fui. Y pues ahí anduvimos el domingo entre Mario Iván, expertos, diletantes e ignorantes. Lo bueno es que la Gis sí le sabe al protocolo y muy tiernamente me desanimó cuando yo ya estaba preparada para partir: “apenas acaba de terminar la primera parte, falta por lo menos una más” y yo con todo el trabajo encima me resigné al disfrute de voces, versos, flores, maderas, metales, caricias de canto. La soprano sorprendente, decía Gis una frase que debo aprender “se nota que le cuesta trabajo contenerse”; al buen Ramón Vargas –dice Gis- le faltaba un poco de intención, y yo le creo; el diablo como siempre fue lo más maravilloso, catrín, maduro e impecable, con una voz de barítono, bueno, la voz del diablo no puede ser sino de barítono.
El lunes llegué, desvelada y con ponencia terminada, cerca de las 5pm cuando Ángel andaba apurado acomodando mesas y pensando en por qué no aparecían Laura y Víctor. Mis papás, armados de valor y muchas más ganas de conocer Puebla, me acompañaron. De pronto el salón se llenó y se llenó. El Salón Barroco es de lo más hermoso que he visto, porque es un barroco mexicano, o mejor dicho, a la mexicana. En las laterales de la nave central había cerca de 80 sillas de madera empotradas a las paredes, talladas con figuras de flores, garras de animales, hojitas, enredaderas, botones, ramilletitos; hacia donde uno volteara, los ojos eran invadidos por figuritas abigarradas y abrillantadas. Y el techo, un tupido de enormes flores con ramos que se salían de la proporción, torres y ¿alfiles?, rostros que no llegaban a serlo pero que mostraban firme voluntad con los trazos gruesos, hojas con nervaduras cortas pero muy resaltadas como delatando la clorofila que estaba ausente, pedacitos de tronco mal cortado; todo esto hecho de algo que parecía yeso, pero de un yeso tan pero tan denso -es decir, nada fino- que desde el lugar en el que me encontraba parecía que el cielo había sido tapizado por palomitas que hacían “pop, pop, pop”. Me sentí en confianza, estaba junto a Víctor y junto a Laura, amigos. Allí abajito, Ángel como siempre diciendo “no te preocupes” y su rostro animador, arriesgándose como es su costumbre, desde la mesa vi a Alberto -que ese día todavía no sacaba lo Constante- así que me fue bien, porque se sintió la buena vibra, Idalia saludándome, Pilar hasta allá atrás, mis papás, los rostros de los muchachos, Jorge Acevedo que resultó no serlo, Luis Tamayo de rostro afable, el buen Arzapalo. En fin. Comencé. Me sentía contenta por la ponencia pero sin duda, desbordó mi contento ese salón tan bonito. Comencé y, sobre todo, terminé. Amé el Salón Barroco y a la gente de ese día. Amé a Dios, a Jorge Acevedo y esa voz de paz infinita, amé a todos, me reconcilié con el mundo, perdoné a Dios. Juro que cuando comenzó el día, no sabía si lo terminaría. Pero anocheció y amaneció al día siguiente. El martes, Laura e Ignacio me invitaron cafecito. La comida, rica en compañías y sabores porque el chilito en nogada la verdad sí me gustó. Fue un día más tranquilo, pues estaba como expectadora y en un momento en que el buen Alberto quería convencernos de ir por una pasita, yo para variar le recordé que tengo cuadritos en la cabeza y que la neurosis es como una segunda naturaleza y que eso significaba que prefería ir a las conferencias. Cuando ya estaba atardeciendo, antes de regresar, me animé a preguntarle algo a Másmela, fue en un receso, así que cuando escuchó la pregunta dijo “vamos por un café y me platica”. Caminamos una cuadra y en el café le comenté mi duda. En cinco minutos me explicó una maravilla que yo había dejado entre los pendientes de la tesis ¿por qué caracterizar al individual como tode ti y jorismós? Cuando comenzó a explicar y entendí, me sentí feliz y desgraciada, porque ya no había tiempo, mis papás estaban esperándome, me tenía que ir en minutos. Me dije a mí misma lo que Heidegger a Zubiri: “¿Por qué no ha hablado usted antes?”, una frase que en concreto significaba para mí, no para Zubiri,: cómo eres estúpida, que desaprovechaste todos estos días. Me arrepentí, ni modo. Yo y mis primeras impresiones.
El miércoles después de la clase y la reconfortante sesión con Amalia, regresé a escuchar a Molina en la presentación de unos versos de Anacreonte. Leyó un texto tan bonito que lo primero que hice al terminar la presentación fue decirle que no era posible que él hubiera escrito eso, pues yo no lo conocía tan serio, toda la vida lo he escuchado con sus chistes, albures, palabrejas, y demás. En sus poemas Anacreonte expresa el dolor que le provoca su amor por una joven, pues él es ya viejo y ella al parecer no le hace mucho caso: “De nuevo, su pelota tornasolada, lanzándome, Eros de áureo cabello, con la joven de sandalia variopinta, a jugar me incita, pero ella, pues es de la bien edificada Lesbos, mi cabellera, por ser blanca desprecia; pero frente a alguna otra boquea”. Y ya explicaban José, el otro que habló también muy bonito y el autor, aquí si no ni con santo ni con señas, las razones del producto final. No hizo falta vino, aunque no hubiera sobrado. Fue, como quisieron, una reunión performativa, en algunos aspectos por supuesto.
El jueves iba con la firme intención de dar clase, pero afortunadamente me convencieron de que fuéramos a una conferencia de la subdirectora del Munal, sobre arte conceptual (happenings, performances, acciones, etc). Fue interesante porque pasaban imágenes y nos explicaban: este performance se hace en un enorme salón, la gente que asiste a la inauguración entra y, de pronto, cuando todos están adentro se apagan las luces principales, se encienden unas cuantas luces que recrean formas o bien sólo producen efectos estéticos, después comienza a salir vapor de unos orificios, de tal manera que al poco rato toda la gente está entre luces, sombras y respirando vapor; después de unos minutos se les dice a los invitados que la procedencia del vapor es del agua con la que lavan los cadáveres en el Semefo. La conferenciante se mantuvo en el estilo, porque siguió José Clemente Orozco con El desmembrado, y luego Roberto Cortázar con Variaciones sobre El desmembrado, se recordó a Velázquez con El buey desollado y continuó Bacon que recrea a Velázquez con un Retrato del Papa. Ya en otro tono, con 3 ejemplos de la entrada de Jesús a Jerusalén y luego La entrada de Jesús a Bruselas, La entrada de Jesús a Chinatown, La entrada de Jesús a New York, La entrada de Jesús a Chicago, nos mostró la evolución del arte sobre un tema (A estas alturas me sentía un poco más lejos de Juanito). Finalmente explicó por qué Panofsky es quien es, y dijo –agua para mi molino porque ahí andaba quien me rebatía- que a Giorgio Vasarii, gran artista cuya única pero determinante desgracia fue vivir en la misma época de Miguel Ángel, no lo consideran el padre de la historia del arte porque no usaba notas a pie de página!!
Saliendito de ahí, me habló mi papá y nos fuimos a comer a La gruta del Edén, porque hacía días que él tenía en mente ir a comer árabe. Y esto no lo diría si no fuera porque primero, nunca de los nuncas voy a la mentada Gruta, y segundo, porque durante más de dos horas tuve a Juan Villoro frente a mí, cerquitita, él estaba con una amiga joven, tal vez reportera porque hablaban de la basura detrás del mercado de la Lagunilla, o eso es lo que querían hacernos creer. Me cae bien el Villoro tengo una foto con él y otra con el Monsivais. Pensé en acercarme y decirle algo súper, pero supuse que, como todo autor, está harto de que lo acosen y preferí moderarme, es decir, no aparecer. Además es típico mío que antes de acercarme a alguien que admiro, saco mi reboso, me lo envuelvo alrededor del cuello y sólo balbuceo.
Hoy viernes me encantaron los alumnos. Sonará ridículo, pero me siento como mirando a un bebé en sus primeros meses de nacido, puedo quedarme embelesada viendo sus gestos, sus movimientos que para mí son nuevos. Quien nace soy yo. Sé que un día tendré que odiarlos y enojarme con ellos y ponerles un seis bien puesto, pero hoy me hacen feliz y no puedo sino quererlos, con todo y que no los conozco. Hoy viernes me preguntó Araiza: bis du jeteros? (Claro, era bromita pero…) Primero le dije asustada que sí, y luego, con ayuda de Jeannet, nein ich bin Opend Mind. ¡Por favor, por favor! una cosa es que prefiera la comodidad del abismo heideggeriano al riesgo gatubelesco de lanzarse sobre la nada; y otra es que lo gris sea efectivamente gris. Prefiero los ojos, sigo siendo platónica en el más burdo de los sentidos, es decir, en el más emocionante, como cuando era adolescente y me enamoraba de los imposibles que se presentaran ante mis ojos, nunca a la mano. Ahora, lo único que ha cambiado es que ya no creo en la eternidad de las formas, así que los ojos priman pero sólo un rato, porque los ojos no imitan más que al tacto, así que son platónicamente un tacto.
Mañana, o al rato, me repongo, vuelvo a hermanarme con Juanito y el arrabal. Restituiré todo lo que de mi esencia haya perdido esta semana, iré a escuchar a Larry Harlow, el Judío Maravilloso. Recordaré que hace años tengo nostalgia de algo que nunca viví. Reviviré la nostalgia y me decepcionaré como siempre, porque lo que encuentro son cuerpos perfectos y pulidos, y a mí lo pulido me da mucha flojera. He dicho que para mí, ya las formas no son eternas…
Aunque ahora estoy convencida de que si se entregan es porque nunca se vieron.
Completo: “¡Los ojos! Por los ojos el Bien y el Mal nos llegan. La luz del alma en ellos nos da luces que ciegan. Ojos que nada ven, almas que nada entregan”. Así que nos perderemos del Mal y del Bien, pero no nos perderemos. “Anda! Putilla del dolor helado… vámonos al diablo!”
Los ojos son algo que me determina, no a mí, sino los ojos de los otros a mí, porque mis pequeños ojos “capulines” a penas se asoman de entre el antifaz cotidiano, el puesto y el sobrepuesto. Los ojos son algo que siempre me pesa, “me pesarán tus ojos de aquí hasta la muerte, la culpa ha sido mía, yo no debí mirarlos…”. Pero siendo precisa, no son los ojos, sino la mirada, la forma, no la materia. No me mueven para quererlos unos ojos azules (que he visto dos veces en mi vida) ni el cielo que tenga prometido tal color, estoy convencida de que no me perdería por unos ojos azules ni por unos ojos verdes o por unos color miel. Me gustan los ojos negros, pero claros. Una mirada clara sí me arrastraría a la mayor ceguera.
“Para decidir si sigo poniendo esta sangre en tierra… para continuar caminando al Sol por estos desiertos, para decidir, para continuar para recalcar y considerar… para decidir y considerar sólo me hace falta que estés aquí con tus ojos claros”. Suena aristotélica.
Aunque tenga un sabor amargo de Ajusco amaneciendo, la tarareo “para estar con vos para descubrir y considerar”; y podría seguir “para develar y deliberar”. Y queda ya heideggeriana aristotélica.
Esta semana estuvo variadísima. El domingo muriéndome de tanto cansancio para preparar la ponencia a la que el Ángel (como le decía el chileno con cariño) -pero que aquí, con Laura, rebautizaremos como el Angelito- nos invitó. Muchos días antes le había prometido a Gisela que la acompañaría a ver La condenación de Fausto, así que pensando en un posible futuro brillante y de jai sosai me dije “no te vaya a pasar lo que al Juanito”, porque no soy conocedora de ópera ni nada que se le parezca, así que me armé de valor y fui. Y pues ahí anduvimos el domingo entre Mario Iván, expertos, diletantes e ignorantes. Lo bueno es que la Gis sí le sabe al protocolo y muy tiernamente me desanimó cuando yo ya estaba preparada para partir: “apenas acaba de terminar la primera parte, falta por lo menos una más” y yo con todo el trabajo encima me resigné al disfrute de voces, versos, flores, maderas, metales, caricias de canto. La soprano sorprendente, decía Gis una frase que debo aprender “se nota que le cuesta trabajo contenerse”; al buen Ramón Vargas –dice Gis- le faltaba un poco de intención, y yo le creo; el diablo como siempre fue lo más maravilloso, catrín, maduro e impecable, con una voz de barítono, bueno, la voz del diablo no puede ser sino de barítono.
El lunes llegué, desvelada y con ponencia terminada, cerca de las 5pm cuando Ángel andaba apurado acomodando mesas y pensando en por qué no aparecían Laura y Víctor. Mis papás, armados de valor y muchas más ganas de conocer Puebla, me acompañaron. De pronto el salón se llenó y se llenó. El Salón Barroco es de lo más hermoso que he visto, porque es un barroco mexicano, o mejor dicho, a la mexicana. En las laterales de la nave central había cerca de 80 sillas de madera empotradas a las paredes, talladas con figuras de flores, garras de animales, hojitas, enredaderas, botones, ramilletitos; hacia donde uno volteara, los ojos eran invadidos por figuritas abigarradas y abrillantadas. Y el techo, un tupido de enormes flores con ramos que se salían de la proporción, torres y ¿alfiles?, rostros que no llegaban a serlo pero que mostraban firme voluntad con los trazos gruesos, hojas con nervaduras cortas pero muy resaltadas como delatando la clorofila que estaba ausente, pedacitos de tronco mal cortado; todo esto hecho de algo que parecía yeso, pero de un yeso tan pero tan denso -es decir, nada fino- que desde el lugar en el que me encontraba parecía que el cielo había sido tapizado por palomitas que hacían “pop, pop, pop”. Me sentí en confianza, estaba junto a Víctor y junto a Laura, amigos. Allí abajito, Ángel como siempre diciendo “no te preocupes” y su rostro animador, arriesgándose como es su costumbre, desde la mesa vi a Alberto -que ese día todavía no sacaba lo Constante- así que me fue bien, porque se sintió la buena vibra, Idalia saludándome, Pilar hasta allá atrás, mis papás, los rostros de los muchachos, Jorge Acevedo que resultó no serlo, Luis Tamayo de rostro afable, el buen Arzapalo. En fin. Comencé. Me sentía contenta por la ponencia pero sin duda, desbordó mi contento ese salón tan bonito. Comencé y, sobre todo, terminé. Amé el Salón Barroco y a la gente de ese día. Amé a Dios, a Jorge Acevedo y esa voz de paz infinita, amé a todos, me reconcilié con el mundo, perdoné a Dios. Juro que cuando comenzó el día, no sabía si lo terminaría. Pero anocheció y amaneció al día siguiente. El martes, Laura e Ignacio me invitaron cafecito. La comida, rica en compañías y sabores porque el chilito en nogada la verdad sí me gustó. Fue un día más tranquilo, pues estaba como expectadora y en un momento en que el buen Alberto quería convencernos de ir por una pasita, yo para variar le recordé que tengo cuadritos en la cabeza y que la neurosis es como una segunda naturaleza y que eso significaba que prefería ir a las conferencias. Cuando ya estaba atardeciendo, antes de regresar, me animé a preguntarle algo a Másmela, fue en un receso, así que cuando escuchó la pregunta dijo “vamos por un café y me platica”. Caminamos una cuadra y en el café le comenté mi duda. En cinco minutos me explicó una maravilla que yo había dejado entre los pendientes de la tesis ¿por qué caracterizar al individual como tode ti y jorismós? Cuando comenzó a explicar y entendí, me sentí feliz y desgraciada, porque ya no había tiempo, mis papás estaban esperándome, me tenía que ir en minutos. Me dije a mí misma lo que Heidegger a Zubiri: “¿Por qué no ha hablado usted antes?”, una frase que en concreto significaba para mí, no para Zubiri,: cómo eres estúpida, que desaprovechaste todos estos días. Me arrepentí, ni modo. Yo y mis primeras impresiones.
El miércoles después de la clase y la reconfortante sesión con Amalia, regresé a escuchar a Molina en la presentación de unos versos de Anacreonte. Leyó un texto tan bonito que lo primero que hice al terminar la presentación fue decirle que no era posible que él hubiera escrito eso, pues yo no lo conocía tan serio, toda la vida lo he escuchado con sus chistes, albures, palabrejas, y demás. En sus poemas Anacreonte expresa el dolor que le provoca su amor por una joven, pues él es ya viejo y ella al parecer no le hace mucho caso: “De nuevo, su pelota tornasolada, lanzándome, Eros de áureo cabello, con la joven de sandalia variopinta, a jugar me incita, pero ella, pues es de la bien edificada Lesbos, mi cabellera, por ser blanca desprecia; pero frente a alguna otra boquea”. Y ya explicaban José, el otro que habló también muy bonito y el autor, aquí si no ni con santo ni con señas, las razones del producto final. No hizo falta vino, aunque no hubiera sobrado. Fue, como quisieron, una reunión performativa, en algunos aspectos por supuesto.
El jueves iba con la firme intención de dar clase, pero afortunadamente me convencieron de que fuéramos a una conferencia de la subdirectora del Munal, sobre arte conceptual (happenings, performances, acciones, etc). Fue interesante porque pasaban imágenes y nos explicaban: este performance se hace en un enorme salón, la gente que asiste a la inauguración entra y, de pronto, cuando todos están adentro se apagan las luces principales, se encienden unas cuantas luces que recrean formas o bien sólo producen efectos estéticos, después comienza a salir vapor de unos orificios, de tal manera que al poco rato toda la gente está entre luces, sombras y respirando vapor; después de unos minutos se les dice a los invitados que la procedencia del vapor es del agua con la que lavan los cadáveres en el Semefo. La conferenciante se mantuvo en el estilo, porque siguió José Clemente Orozco con El desmembrado, y luego Roberto Cortázar con Variaciones sobre El desmembrado, se recordó a Velázquez con El buey desollado y continuó Bacon que recrea a Velázquez con un Retrato del Papa. Ya en otro tono, con 3 ejemplos de la entrada de Jesús a Jerusalén y luego La entrada de Jesús a Bruselas, La entrada de Jesús a Chinatown, La entrada de Jesús a New York, La entrada de Jesús a Chicago, nos mostró la evolución del arte sobre un tema (A estas alturas me sentía un poco más lejos de Juanito). Finalmente explicó por qué Panofsky es quien es, y dijo –agua para mi molino porque ahí andaba quien me rebatía- que a Giorgio Vasarii, gran artista cuya única pero determinante desgracia fue vivir en la misma época de Miguel Ángel, no lo consideran el padre de la historia del arte porque no usaba notas a pie de página!!
Saliendito de ahí, me habló mi papá y nos fuimos a comer a La gruta del Edén, porque hacía días que él tenía en mente ir a comer árabe. Y esto no lo diría si no fuera porque primero, nunca de los nuncas voy a la mentada Gruta, y segundo, porque durante más de dos horas tuve a Juan Villoro frente a mí, cerquitita, él estaba con una amiga joven, tal vez reportera porque hablaban de la basura detrás del mercado de la Lagunilla, o eso es lo que querían hacernos creer. Me cae bien el Villoro tengo una foto con él y otra con el Monsivais. Pensé en acercarme y decirle algo súper, pero supuse que, como todo autor, está harto de que lo acosen y preferí moderarme, es decir, no aparecer. Además es típico mío que antes de acercarme a alguien que admiro, saco mi reboso, me lo envuelvo alrededor del cuello y sólo balbuceo.
Hoy viernes me encantaron los alumnos. Sonará ridículo, pero me siento como mirando a un bebé en sus primeros meses de nacido, puedo quedarme embelesada viendo sus gestos, sus movimientos que para mí son nuevos. Quien nace soy yo. Sé que un día tendré que odiarlos y enojarme con ellos y ponerles un seis bien puesto, pero hoy me hacen feliz y no puedo sino quererlos, con todo y que no los conozco. Hoy viernes me preguntó Araiza: bis du jeteros? (Claro, era bromita pero…) Primero le dije asustada que sí, y luego, con ayuda de Jeannet, nein ich bin Opend Mind. ¡Por favor, por favor! una cosa es que prefiera la comodidad del abismo heideggeriano al riesgo gatubelesco de lanzarse sobre la nada; y otra es que lo gris sea efectivamente gris. Prefiero los ojos, sigo siendo platónica en el más burdo de los sentidos, es decir, en el más emocionante, como cuando era adolescente y me enamoraba de los imposibles que se presentaran ante mis ojos, nunca a la mano. Ahora, lo único que ha cambiado es que ya no creo en la eternidad de las formas, así que los ojos priman pero sólo un rato, porque los ojos no imitan más que al tacto, así que son platónicamente un tacto.
Mañana, o al rato, me repongo, vuelvo a hermanarme con Juanito y el arrabal. Restituiré todo lo que de mi esencia haya perdido esta semana, iré a escuchar a Larry Harlow, el Judío Maravilloso. Recordaré que hace años tengo nostalgia de algo que nunca viví. Reviviré la nostalgia y me decepcionaré como siempre, porque lo que encuentro son cuerpos perfectos y pulidos, y a mí lo pulido me da mucha flojera. He dicho que para mí, ya las formas no son eternas…
viernes 25 de septiembre de 2009
Ayer y hoy
Ayer me sentí Carlota, loca por un momento y emperatriz por un instante. Breve momento de gloria desollada. Pero fue bueno, lo único que salva al desollado es el platonismo, porque no requiere frotaciones ni repegones (y lo trágico es que tampoco es autosuficiente), sólo basta sentir que la sangre fluye, que la vida se alborota y se sonroja, que siempre no se murió, que en lo que se regenera el traje de-sastre, o sea la piel (órgano sexual más importante después del cerebro), puede ser sujeta de afecciones gozozas. Es un proceso largo; afortunadamente no soy san Bartolomé desollado para cargar perpetuamente el traje sobre mis hombros en aras de mantenerme como patrona de los curtidores. Ahora, en realidad me gusta que sea el patrón de los curtidores y que en estricto sentido sea uno el que tenga que curtirse su tacuche propio.
Hoy en cambio, me sentí pugilista enfrentando golpes de asombro, coraje, exigencia, indignación "pero ¿qué es el tiempo?", "pero ¿por qué tiene que diferenciar una sustancia de otra por lo numérico?" "Pero, por qué dice transformación si transformación no es lo mismo que cambio?" "pero no entendí nada". Cuatro enfermos de influenza, uno de ellos diciéndomelo así de frente y cerquita. Caras de angustia, de coraje, la insistencia en el primer motor, y lo único atinado que dije fue: ¿les ha pasado que alguien les gusta y no los pela?, ¿que hacen maromas por llamar su atención, por encontrárselo a la salidita de su clase, por esperar que sólo diga su nombre y regodearse con el sonido proveniente de su voz... su nombre, el de ustedes, naciendo por primera vez porque está en su voz, en la de aquél? Algo así más o menos es el primer motorsito inmóvil, y sus seguidores forman una secta peor que la de los desollados platónicos, pues éstos todavía lo contemplan, en cambio aquéllos ni eso, un mundo celeste lo acapara.
Otra vez había pensado, horas antes, cómo comenzaría, continuaría y terminaría. Y nada. Todo fluyo sin rumbo pero con salpicadas de sentido,un verdadero "gallinero" a pesar suyo y mío. Me da gusto ver los rostros, la exigencia al Filósofo. La primera afirmación después de la pregunta de cómo les fue en la lectura "Mal, esto es lo más complicado que he leído, Aristóteles se contradice".
Hoy en cambio, me sentí pugilista enfrentando golpes de asombro, coraje, exigencia, indignación "pero ¿qué es el tiempo?", "pero ¿por qué tiene que diferenciar una sustancia de otra por lo numérico?" "Pero, por qué dice transformación si transformación no es lo mismo que cambio?" "pero no entendí nada". Cuatro enfermos de influenza, uno de ellos diciéndomelo así de frente y cerquita. Caras de angustia, de coraje, la insistencia en el primer motor, y lo único atinado que dije fue: ¿les ha pasado que alguien les gusta y no los pela?, ¿que hacen maromas por llamar su atención, por encontrárselo a la salidita de su clase, por esperar que sólo diga su nombre y regodearse con el sonido proveniente de su voz... su nombre, el de ustedes, naciendo por primera vez porque está en su voz, en la de aquél? Algo así más o menos es el primer motorsito inmóvil, y sus seguidores forman una secta peor que la de los desollados platónicos, pues éstos todavía lo contemplan, en cambio aquéllos ni eso, un mundo celeste lo acapara.
Otra vez había pensado, horas antes, cómo comenzaría, continuaría y terminaría. Y nada. Todo fluyo sin rumbo pero con salpicadas de sentido,un verdadero "gallinero" a pesar suyo y mío. Me da gusto ver los rostros, la exigencia al Filósofo. La primera afirmación después de la pregunta de cómo les fue en la lectura "Mal, esto es lo más complicado que he leído, Aristóteles se contradice".
miércoles 16 de septiembre de 2009
Zócalo popular
Yo en cambio, me fui a la mera hora al Zócalo, a mirar de lejos las luces de colores en el cielo. Desde hace años el 15 de septiembre, planeado o no, resulta ser luminoso. Ayer fue la plática con Gis, el recuento de lo que sucedió, siempre es agradable su plática (decía: "se aterró; fundar era algo que ya había hecho muchas veces; lástima que se prefiera una dignidad invicta a la verdad"), aunque en el carácter nos cueste acoplarnos porque a mí me sobra la neurosis que a ella le falta. Tengo una foto de hace tres años: Yadira, Richard, Gis y yo en el Zócalo, nos tomó la foto un señor que sacaba instantáneas por cuarenta pesitos, estamos vestidos de fiesta patria, los cuarenta pesos incluían el uso momentáneo, con resultados perennes, de dos sombreros de mariachi y dos jorongos de colores. Me gustan esas fotos, son más amables que la tecnología, aunque sean también más perecederas. Ayer se decidió eso de último momento, llegamos tarde, y vimos los fuegos artificiales desde el Palacio de Minería. Luego caminamos por las calles aledañas y acabamos en el Popular, rodeadas de ambiente popular, gente que se notaba que venía de gala a pasearse por el Centro Histórico, familias completas para las que el paseo de la Independencia incluía cena en ese restaurante. Un niño morenito vestido todo de mezclilla y pintada la cara de rojo pasaba y pasaba a mi lado. No resistí tocarle la cabecita, siguió jugando. Cené un cafecito con leche y una concha.
Vimos a un chico de sudadera llevando de la mano a una chica con una minifalda roja y pegadísima, ella iba muy arregladita, con un escote y unos taconazos de aquellos, y nos preguntamos ¿será su novia? No, porque viste medio "sospechoso", pero sí porque el chavo camina con ella de la mano, camina lentamente, se nota orgulloso. Hay una diferencia casi imperceptible entre quien se siente pleno y radiante con una chica vestida así y quien se muestra orondo de llevar una mercancía envidiable. Ganó la interpretación de que el chavo era poco machín y llevaba orgulloso a su coqueta novia. Y si fuera lo otro... de todos modos ese muchacho no era un machín de cuarta. En realidad creo que nos gustó el chavo ¿o sería que en el fondo teníamos ganas de ir de la mano del chavo para sentirnos como la chava? ¡¿qué karma hizo que cayera en este cuerpo y estas fachas?, ¿por qué mi vida no es la de "secretaria de labios túrgidos, senos mórbidos y ojos cándidos conoce a ejecutivo de músculos de bronce, sienes de plata y ojos de acero"? La envidia y el dolor nos (me) corroían.
Es interesante adivinar la vida de los otros. Una vez Miriam me platicó que Manu, su hija, hacía eso con sus compañeras en la escuela primaria. Mientras las mamás se bajaban a recoger a sus hijos, ella y sus amigas adivinaban la profesión de la madre. Esa parece azafata, está muy arregladita y camina elegante; esa otra ha de ser maestra, se viste medio a la antigüita y se nota seria; esa otra ha de ser contadora, va muy jorobada y usa lentes, se viste cuadradón... Y Miriam le preguntó que qué parecía ella. Manu respondió inmediatamente: Tú..., pues tú pareces ama de casa.
Vimos a un chico de sudadera llevando de la mano a una chica con una minifalda roja y pegadísima, ella iba muy arregladita, con un escote y unos taconazos de aquellos, y nos preguntamos ¿será su novia? No, porque viste medio "sospechoso", pero sí porque el chavo camina con ella de la mano, camina lentamente, se nota orgulloso. Hay una diferencia casi imperceptible entre quien se siente pleno y radiante con una chica vestida así y quien se muestra orondo de llevar una mercancía envidiable. Ganó la interpretación de que el chavo era poco machín y llevaba orgulloso a su coqueta novia. Y si fuera lo otro... de todos modos ese muchacho no era un machín de cuarta. En realidad creo que nos gustó el chavo ¿o sería que en el fondo teníamos ganas de ir de la mano del chavo para sentirnos como la chava? ¡¿qué karma hizo que cayera en este cuerpo y estas fachas?, ¿por qué mi vida no es la de "secretaria de labios túrgidos, senos mórbidos y ojos cándidos conoce a ejecutivo de músculos de bronce, sienes de plata y ojos de acero"? La envidia y el dolor nos (me) corroían.
Es interesante adivinar la vida de los otros. Una vez Miriam me platicó que Manu, su hija, hacía eso con sus compañeras en la escuela primaria. Mientras las mamás se bajaban a recoger a sus hijos, ella y sus amigas adivinaban la profesión de la madre. Esa parece azafata, está muy arregladita y camina elegante; esa otra ha de ser maestra, se viste medio a la antigüita y se nota seria; esa otra ha de ser contadora, va muy jorobada y usa lentes, se viste cuadradón... Y Miriam le preguntó que qué parecía ella. Manu respondió inmediatamente: Tú..., pues tú pareces ama de casa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
